3/8/09

Prozac Nation


Es la absenta deseosa de deslizarse lentamente y abrasarte el esófago, la última inspiración pulmonar antes de perder el conocimiento por exceso de fatiga, el puñal que se clava hasta el fondo provocándote un paro cardíaco, la coca que te aniquila las pocas neuronas que te quedan, el último puñetazo que recibe una mujer maltratada, la sensación de ahogarte en un desierto sin oasis, las ganas de desangrarte de agua salada…
La depresión es… la muerte en vida.

Ya casi ni me acuerdo de lo que es experimentar esa sensación, y en cambio, si me acuerdo de lo que percibía mi ser, que por aquel entonces, era medio inerte. Se me hace tan lejano y a la vez tan cercano, que no podría decir a ciencia cierta cuándo sucedió ni si ocurrió de verdad, porque yo no era yo.
Sólo fui un parásito chupando la voluntad de mi vida.

Y no me había parado a pensar en las grandes masas de dinero que esto mueve al año, porque al fin y al cabo, la depresión es un negocio más.
No sé cuántos miles de antidepresivos ni cuántos blisters rellenos de fluoxetina, paroxetina, duloxetina, sertralina, citalopram, (en definitiva, inhibidores de la ansiedad crítica que nos invaden la puta vida) podrán fabricarse y venderse al año.

¿Qué pasa? ¿Qué no somos auto suficientes como para vivir sin ellos?

Pues no lo sé. No tengo los suficientes conocimientos de medicina como para contestar algo así, ni los suficientes conocimientos de muchas otras cosas. Y además, me da pereza mirarlo en Internet, aunque no creo que me solucionase mucho la vida saberlo.

Sólo es una reflexión de tantas otras que me provoca ver una película tan buena como Prozac Nation.

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